Dos videollamadas y un plato que no era mío
Cuando el teléfono vibró a las nueve y cuarto con un mensaje de Rajiv, lo primero que pensé fue que iba a pedirme algo imposible con plazos imposibles, como suele pasar con los contactos que no te escriben en meses. No me equivoqué del todo, aunque esta vez al menos había dinero de por medio.